NOTA PREVIA: En el presente artículo, se hace referencia en varios segmentos a Felix Cesario Padilla (1944-2023), como autor del libro. Sin embargo la referencia es válida para Cesario Padilla (1992) como titular de la obra; aunque el Padre y el Hijo vivan juntos en las luchas y las letras.
Por: Anarella Vélez Osejo
Hay libros que documentan la historia desde los despachos; otros, desde los archivos; y hay libros que nacen de la memoria encallecida de quienes barrieron, archivaron, construyeron y resistieron. Luchamos para vencer, del periodista hondureño Félix Cesario Padilla, pertenece a esta última estirpe: es la crónica viva del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (SITRAUNAH), desde 1973 hasta mediados de 1993. No es un libro de historia sindical: es un testimonio de dignidad, una cartografía de la resistencia obrera universitaria y un recordatorio de que los muros de la academia también están sostenidos por manos que no siempre aparecen en los discursos de graduación.
En América Latina, la universidad pública ha sido un campo de batalla. Lo dijeron los estudiantes de Córdoba en 1918, cuando la Reforma Universitaria sacudió el continente: la universidad no podía ser una isla de privilegios, sino un territorio de transformación social. Lo repitieron los obreros y maestros que, en distintos países, entendieron que sin trabajadores dignos no hay academia libre. Padilla lo documenta desde Honduras, con la paciencia del periodista y la furia contenida del poeta. Su libro recoge dos décadas de lucha, desde los años setenta —cuando los sindicatos eran vistos como amenaza y la represión se disfrazaba de legalidad— hasta los primeros años noventa, cuando el neoliberalismo empezó a maquillarse de modernización.
El título es una declaración de principios: Luchamos para vencer. No dice “luchamos por si acaso”, ni “luchamos para resistir un rato”. Dice “para vencer”. Esa certeza recorre las páginas y emparienta a Padilla con la tradición de los cronistas rebeldes de Nuestra América: con Rodolfo Walsh, que escribía para no olvidar; con Eduardo Galeano, que convirtió la memoria en trinchera; con Berta Cáceres, que defendió el territorio con el cuerpo. Porque la lucha sindical no es solo por salarios: es por la idea de que quienes trabajan en la universidad también la habitan, la piensan y la transforman.
El libro también es un acto de justicia poética. Félix Cesario Padilla, entiende que los archivos sindicales no guardan solo actas y pliegos petitorios: guardan miedos, corajes, asambleas bajo la lluvia, marchas con megáfonos y tambores. Guardan la memoria de quienes fueron despedidos por alzar la voz y de quienes volvieron a entrar por la puerta grande de la huelga. En ese sentido, Luchamos para vencer dialoga con el Popol Vuh, donde la palabra es creadora, y con la tradición de los cantos mayas y aztecas, donde la memoria se recita para que el tiempo no devore a los vencidos.
Hoy, cuando la Universidad Nacional Autónoma de Honduras enfrenta nuevos desafíos —presupuestos insuficientes, ataques a la autonomía, precarización laboral—, este libro llega como una pedrada ética: no para herir, sino para despertar. La transformación universitaria no se decreta desde las oficinas: se conquista desde las bases. SITRAUNAH, con sus avances y contradicciones, sigue siendo un actor fundamental en esa tarea. El libro de Padilla lo recuerda sin romanticismos: la unidad no es un regalo, es una construcción diaria; la solidaridad no es un eslogan, es un riesgo compartido.
Leer Luchamos para vencer es, entonces, un acto de memoria y de futuro. Es reconocer que la universidad pública no existe sin sus trabajadores; que la excelencia académica no se sostiene sobre salarios de hambre; que la autonomía se defiende en las aulas y también en los pasillos, en los laboratorios y en las cafeterías. Como escribió Martí, “los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y deshacen”. Este libro funda. Y funda con la palabra, que es la herramienta más subversiva de los pueblos.
Que la poesía y el periodismo, unidos en la pluma de Félix Cesario Padilla, sirvan para que las nuevas generaciones de trabajadores universitarios sepan que no parten de cero: heredan un río de luchas, y en ese río, Luchamos para vencer es un caudal que no se seca.

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